El chispazo inicial
Todo comenzó con un chispazo de curiosidad. Al navegar por redes sociales, el arte del linograbado capturó mi atención de una manera especial.
Siendo de Pereira, tuve la inmensa fortuna de descubrir que justo aquí, en mi ciudad, existía un espacio donde impartían talleres sobre esta técnica. Lo que empezó como una simple visita para explorar un pasatiempo, rápidamente se transformó en un refugio de aprendizaje y creatividad.
Durante dos años, ese taller fue mi escuela y mi punto de encuentro. Allí no solo dominé poco a poco las gubias y las tintas, sino que también construí una familia elegida: un grupo de amigos unidos por el amor al arte impreso.
